Villar del Río, y no Villar del Campo, es un pueblo pobre de Castilla La Vieja pero que vive en absoluta tranquilidad. Allí llega una cantaora de flamenco y su representante para dar alegría a la localidad, y pronto se harán en cierto modo con el mando del pueblo.
Además se junta que llega una Delegación de Gobierno anunciando la llegada de los «Americanos», dentro del Plan Marshall, que va a traer grandes beneficios a los pueblos de la zona, ya que van a recibir ayudas para su desarrollo.
Para eso les encomiendan que adornen el pueblo para recibirlos como toca. Aquí es donde entra en escena el representante de la Cantaora haciéndose cargo de todo lo que concierne a la organización del evento. Acaba convirtiendo el pueblo en uno típico cordobés, creando escenarios ficticios y haciendo que se vistan los paisanos como tales.
Organizan unos listados en los que la gente se apunta, y pide aquello que cree que necesita, para que se lo regalen los americanos.
El día antes de que los visiten, la gente del pueblo sueña con su llegada, cada uno con lo que más le ilusiona.
Sin embargo la visita no sale como esperan, la comitiva pasa de largo, y se encuentran que no reciben nada, y encima han gastado una gran cantidad de dinero en adornar la localidad. Ahora cada uno aporta lo que puede para sufragar el gasto.